Relato 31 · 1687Archivo · AHN

Lo que se decía en el confesionario

En la Palma de 1687, el confesionario fue uno de los canales por los que la información llegaba a la Inquisición. Una criada se lo contó a su confesor, y el confesor al tribunal.

Dos clérigos en una cocina, uno de ellos leyendo un papel
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

Las criadas que vigilaban los ayunos de sus amos no siempre iban directamente al tribunal. A veces iban antes a confesarse.

Una de ellas lo explicó así: lo que había visto en la casa «lo comunicó avrá un mes con el Padre Francisco Doms, su Confessor, que dixo diría al Santo Oficio». Del confesionario al tribunal no había más que un paso.

El espía Rafael Cortés de Alfonso tenía su propio confidente: el doctor Joseph Sancho, presbítero beneficiado de la Catedral. Fue él quien, tras la muerte del espía, declaró ante los inquisidores. Juró «in verbo sacerdotis, poniendo la mano en el pecho», como juraban los sacerdotes, y contó que, «por tener mucha amistad» con él, lo exhortaba y aconsejaba cuando estaban a solas.

Para los chuetas, que se confesaban como cualquier católico de Palma, el sacramento era una obligación. Para el tribunal, era una vía más por la que llegaba información.

«…comunicó avrá un mes con el Padre Francisco Doms, su Confessor, que dixo diría al Santo Oficio…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1705, exp. 15, imagen PARES 627 y p. 750 del PDF.

Un relato cada semana,
en tu correo.

Más relatos