Relato 34 · 1679–1681Archivo · AHN

Solo en el muelle, con el sambenito

Después de su primera condena, Moixina tuvo que llevar el hábito penitencial por las calles de Palma. Un día, solo en el muelle, pedía misericordia a Dios.

Una figura sentada sola en el muelle, con un velero al fondo
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

En 1679 Moixina fue reconciliado por primera vez. La reconciliación no era un perdón limpio: durante un tiempo, el reconciliado tenía que llevar en público el hábito penitencial, el sambenito, para que todo el mundo supiera lo que había sido.

Moixina contó en su segundo proceso un momento de aquellos años. Un día, cuando llevaba el hábito, estaba solo en el muelle de la ciudad, «se afligía entre sí, pidiendo misericordia a Dios».

No dice a qué Dios. El tribunal lo entendió como lo que era: un hombre que, aun reconciliado, seguía rezando al Dios de Israel. Para la Inquisición, esa escena era una prueba más de que su conversión había sido fingida.

Para nosotros es otra cosa: un hombre señalado, frente al mar por el que, años después, intentaría escapar su comunidad. Moixina no subió a aquel barco. Lo detuvieron un mes antes.

«…estando un día en el muelle de esta Ciudad solo, se afligía entre sí, pidiendo misericordia a Dios…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1705, exp. 15, imagen PARES 262.

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