Relato 08 · 1688–1691Archivo · AHN

El agujero entre las celdas

En las cárceles secretas de la Inquisición de Mallorca, los presos hablaban por agujeros abiertos en los muros. Lo que se decía allí acababa, a veces, en las actas.

Una mano deja una nota junto a un pan y una vela en una celda
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

Las celdas de las cárceles secretas estaban pegadas unas a otras, y los presos aprendieron pronto a abrir pasos entre ellas. Por un «abuxero» en la pared pasaban noticias de fuera, consuelos, oraciones y consejos sobre qué decir y qué callar ante el tribunal.

Una mujer presa contó por uno de esos agujeros que tenía escondidas, en la ropa que llevaba puesta, cosas que valían más de trescientas libras. Le habían confiscado todos los bienes, la habían registrado al entrar, y aun así llevaba el patrimonio de la familia cosido a la ropa, delante de los carceleros.

El agujero era el último espacio libre de Mallorca para aquella gente. Pero tenía un defecto: al otro lado siempre había alguien que, tarde o temprano, sería interrogado. Muchas de las palabras dichas en voz baja entre dos celdas acabaron copiadas por un secretario, palabra por palabra, en las actas que hoy se pueden leer en el Archivo Histórico Nacional.

«…hablaba por vn abuxero con vna de dichas personas que estaua pressa en otra cárcel…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1710, exp. 1, imágenes PARES 82 (p. 100 del PDF).

Un relato cada semana,
en tu correo.

Más relatos

10Archivo · AHN
1691

Juzgar a una muerta

Francisca Tarongí murió presa antes de que terminara su proceso. El tribunal no lo cerró: lo siguió «contra su memoria y fama».

12Archivo · AHN
Hacia 1681

La carta de amor de Moixina

Moixina le escribió una carta a Margarita Ana Piña para pedirle matrimonio, argumentada con textos de la Biblia. La respuesta no tuvo nada que ver con la fe.