Los expedientes permiten reconstruir, casi completo, el calendario judío que se guardaba a escondidas en la Palma del siglo XVII. Los nombres eran propios de la calle: «el ayuno de la Reyna Ester» era Purim; «la Paxqua», Pésaj; «el ayuno del perdón» o «ayuno mayor», Yom Kipur.
Un testigo lo resumió: todas aquellas personas tenían la ley de Moisés por buena y santa para salvarse, y hacían los ayunos de la reina Ester, de la Pascua y del perdón.
Y describió el gesto con que terminaba el día más importante del año. Cuando concluía el último ayuno, los más jóvenes iban a casa de sus parientes mayores, «les bezaban la mano, y les pedían perdón». Y los mayores les respondían: «que Dios los perdonasse».
Es el corazón de Yom Kipur, la reconciliación entre generaciones, conservado durante más de doscientos años después de la conversión forzosa. Sin rabinos, sin libros, sin sinagoga. Y anotado, como todo lo demás, por el tribunal que lo perseguía.



