El primer auto de fe de 1691 se celebró el 7 de marzo en la iglesia del convento de Santo Domingo, en Palma. El jesuita Francisco Garau lo describe con detalle.
Frente al altar se levantó un tablado de nueve escalones bajo un dosel carmesí, para los inquisidores. Enfrente, ocho gradas para los reos. Entre ambos, un pasillo con barandas al que llamaban la «calleja de amargura». Al final, una jaula colgada. Allí subía cada acusado a escuchar en voz alta su sentencia, a la vista de toda la iglesia.
Los reos vestían el sambenito de dos aspas y llevaban en la mano una vela verde. Algunos llevaban coroza, el gorro de papel, y otros mordaza. Las penas iban de la cárcel y el hábito penitencial a los azotes, las galeras y la confiscación de todos los bienes.
Entre ellos estaban los tres hijos de Rafael Valls y de Isabel Bonnín: Rafael Joaquín, de 28 años, Francisco, de 24, y Miguel, de 21. Los tres fueron reconciliados. Al mayor lo sacaron con una soga de cáñamo al cuello: doscientos azotes y siete años de galeras.
Al terminar el auto, a los condenados a azotes se les paseó por las calles montados en burros, con la espalda desnuda y la coroza puesta.



