No todo en los expedientes es miedo. A veces, entre declaración y declaración, se abre una ventana a la vida del barrio.
San Eloy es el patrón de los plateros, y la Platería era el oficio y la calle de muchas familias del Call. En junio de 1687 los plateros celebraron su fiesta como se hacía entonces: corriendo toros en su propia calle.
Francisca Forteza, mujer de Baltasar Joaquín Martí, al que llamaban «el Hereu», recordaba que la habían invitado a verlos. Onofre Cortés de Agustín se cruzó con ella y volvió dos o tres veces a insistirle para que le hiciera el favor de ir.
Lo que en otro lugar sería un recuerdo de fiesta acabó en un proceso de fe. Onofre Cortés de Agustín fue uno de los grandes delatores de aquellos años, y cada encuentro, cada visita, cada conversación en la calle podía convertirse después en un cargo.
En el segundo auto de fe, el 1 de mayo de 1691, el cronista Garau menciona a una Francisca Forteza que, como había prometido, dijo «Jesús» en la última vuelta del garrote. Todo apunta a que es la misma mujer.



