Relato 16 · Década de 1680Archivo · AHN

La fe, a la orilla del mar

Los chuetas de Palma se confesaban su fe paseando por la orilla del mar o pescando en barca, lejos de las paredes. Hasta enseñar la religión a un hijo daba miedo.

La costa rocosa de Mallorca al atardecer
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

En la calle del Sagell las paredes oían. Las criadas oían, los vecinos oían, y a veces el que escuchaba era un espía. Así que la fe se hablaba fuera.

Moixina y Bartolomé Cortés de Alfonso se declararon observantes de la ley de Moisés «quando fueron a passearse a orilla del mar, camino de Portopí». En el camino abierto, junto al agua, nadie podía estar detrás de una puerta.

Otro expediente cuenta algo todavía más revelador. Un hombre dio las gracias a otro por haber empezado a enseñar la ley de Moisés a un joven de su propia familia, y confesó que él no se había atrevido a hacerlo «por no fiarse». La instrucción, dice el documento, se había hecho «estando pescando», en una barca.

El terror había llegado a eso: un padre que no se fiaba de su propio hijo. Y aun así la fe pasó de una generación a otra, a la orilla del mar y en alta mar, durante siglos.

«…quando fueron a passearse a orilla del mar, camino de Portopí…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1705, exp. 15, imagen PARES 326; leg. 1710, exp. 1, imagen 149.

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