Relato 36 · 1688Archivo · AHN

El tesoro que no devolvieron

Antes de la confiscación de 1688, una familia chueta de Palma entregó oro, plata y joyas a un pariente para esconderlas. Cuando salieron de la cárcel, el pariente no quiso devolverlas.

Una anciana guarda algo en un cajón a la luz de una vela
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

Cuando la Inquisición prendía a alguien, secuestraba también sus bienes: todo quedaba inventariado y embargado. Las familias de la calle del Sagell lo sabían desde 1678, y aprendieron a adelantarse.

Antes del secuestro de 1688, un pariente entregó trescientas libras en oro, plata y alhajas a otro pariente más joven para que las ocultara. Pasó lo peor y pasó el proceso. Tras la reconciliación, fue a recuperarlas. El depositario se negó a devolverlas.

No es la única historia de tesoros escondidos. Otro preso contó que Gabriel Cortés, «Pota», tenía «unos cordoncillos, y mucho oro, y plata», ocultos desde su primera prisión, y que ni su propia hermana lo sabía.

La persecución no solo enfrentaba a las familias con el tribunal. También abría grietas dentro de ellas, y ni siquiera entre las víctimas estaba seguro el dinero.

«…tenía unos cordoncillos, y mucho oro, y plata, los quales auía ocultado al tiempo de su primera prisión…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1710, exp. 1, imagen PARES 82; leg. 1712, exp. 1.

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