La fee triunfante, la crónica del jesuita Francisco Garau sobre los autos de 1691, se imprimió por orden de la ciudad. Millares de ejemplares, con los nombres, apellidos, edades y oficios de cada condenado.
En 1755, Matías Fortuny, librero de Palma, pidió permiso para reimprimirla. Según la documentación del Santo Oficio, no se encontraba ya ni un ejemplar de la primera edición. La explicación que se dio fue que los descendientes de los castigados los habían ido comprando, uno a uno, para hacerlos desaparecer.
La reimpresión se hizo ese mismo año. Era un libro con nombres propios: volver a ponerlo en circulación era volver a señalar a las mismas familias, sesenta y cuatro años después.
Pocas imágenes resumen mejor lo que fueron los siglos siguientes: unos tratando de borrar una lista, y otros empeñados en que no se olvidara.



