La ley judía prohíbe encender fuego en sábado. En una casa de la Palma del siglo XVII, eso tenía una consecuencia muy visible: el viernes por la tarde la cocina trabajaba el doble.
Francisca Martí, mujer de Bartolomé Cortés de Alfonso, estaba guisando unas «muelles» un viernes por la noche. Alguien le preguntó para cuándo las guardaba. Respondió que eran «para comer de ellas, ella y dicho Bartholomé, el sábado siguiente, por no comer cosa guisada». No sabemos con certeza qué plato era; sí sabemos para qué día era.
En otra casa, un testigo vio que el viernes se guisaba pescado y sacó la misma conclusión: lo guisaban «para comer el sábado, por no comer cosa guisada en sábado, por guardarlo por fiesta».
Nadie tuvo que ver a esas familias rezar. Bastaba con fijarse en qué se cocinaba y cuándo. La fe más escondida se delataba en el fogón.



