La Pascua cristiana y la Pascua judía caen casi siempre muy cerca. No es casualidad: la Semana Santa conmemora hechos que, según los Evangelios, ocurrieron durante la Pésaj de Jerusalén.
Para los criptojudíos de Mallorca, esa coincidencia era un refugio. Mientras toda la ciudad ayunaba, iba a los oficios y seguía las procesiones, un ayuno más no llamaba la atención.
Un expediente recoge una de esas conversaciones. El miércoles o el jueves santo de 1687, en presencia de Rafael Joseph Cortés, se habló de Violante Forteza y de que «sería aquel el día del ayuno de la Pascua de los judíos».
Las campanas, los capirotes y las velas eran los de la Semana Santa de Palma. El ayuno, para algunos, era el de Pésaj. Dos liturgias superpuestas en el mismo día, y solo unos pocos sabían cuál estaban guardando de verdad.



