Relato 25 · 1688–1691Archivo · AHN

El miedo que fabricaba confesiones

Un preso de la Inquisición de Mallorca explicó por qué había confesado cosas falsas: el miedo al tormento. Una descripción de la presión psicológica escrita hace más de trescientos años.

Un preso sentado en una celda mira por una ventana enrejada que da al mar
Ilustración imaginada, creada a partir de las fuentes. No es un retrato real.

Onofre Cortés de Agustín fue uno de los presos que más declaró en aquellos años. Y también uno de los que más se desdijo. En 1691 pidió audiencias voluntarias para revocar parte de lo que había confesado.

Su explicación ocupa unas pocas líneas y no necesita comentario. Le pesaba «la consideración y imaginativa, sin poderlo remediar consigo, muchas vezes, en que le auían de dar un tormento extraordinario y cargo rigurosísimo». Y así, dijo, había confesado todo lo que contenían las declaraciones de los testigos.

El tribunal ayudaba a ese miedo con una fórmula que repetía a cada preso, en cada fase, antes de leerle lo que decían contra él: confesar ahora, le decían, «le estaría muy bien, assí para el descargo de su conciencia como para el breve y buen despacho de su negocio».

No hacía falta llegar al tormento. Bastaba con que el preso lo imaginara. Muchas de las confesiones que llenan estos expedientes nacieron en esa imaginación.

«…en que le auían de dar un tormento extraordinario y cargo rigurosísimo…»Manuscrito original, con la ortografía de la época
FuenteAHN, Inquisición, leg. 1712, exp. 1, imagen PARES 15; leg. 1710, exp. 9, imagen 320.

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