Una comunidad antigua
Tras la conquista cristiana, los judíos de Mallorca se organizan en el Call de Palma. Comercio, oficios y la célebre escuela cartográfica mallorquina.
Durante tres siglos, quince apellidos decidieron en Mallorca con quién podías casarte, qué oficio podías ejercer y en qué banco de la iglesia te sentabas. Si uno de ellos está en tu familia, esta historia también es la tuya.
Elige un apellido. Si lo llevas tú, o lo llevaba uno de tus abuelos o bisabuelos, te enviamos lo que sabemos de esa familia y cómo rastrear tu rama.
Apellidos con ficha ya documentada. El resto, en preparación.
autos de fe celebrados en Palma entre marzo y julio de 1691.
reos que salieron en esos autos, según la crónica oficial del jesuita Francisco Garau.
«relajados» al brazo secular, algunos en efigie porque ya habían muerto o huido.
quemados vivos por negarse a abjurar: Rafael Valls, Rafael Benet Tarongí y su hermana Caterina.
Fuente: Francisco Garau, La fee triunfante en quatro autos, Mallorca, 1691.
Tras la conquista cristiana, los judíos de Mallorca se organizan en el Call de Palma. Comercio, oficios y la célebre escuela cartográfica mallorquina.
La ola antijudía que recorre la Península llega a Palma. El Call es asaltado; muchos mueren o se convierten bajo presión.
Tras una acusación de crimen ritual, los judíos que quedaban en la isla se bautizan en masa. Cristianos desde entonces; señalados para siempre.
La Inquisición descubre un grupo que mantiene prácticas judías. Detenciones, confiscaciones y primeros autos de fe.
Cuatro autos de fe. Los sambenitos con los nombres de los condenados se cuelgan en el convento de Santo Domingo, a la vista de todos.
Gremios, cargos, órdenes religiosas y matrimonios cerrados a quienes llevan esos apellidos. Se les llama xuetes.
Carlos III dicta órdenes contra la discriminación. La costumbre tarda mucho más: la segregación social llega al siglo XX.
Miles de mallorquines llevan alguno de los quince. En 2011 un rabino de referencia en Israel reconoció a los xuetas como judíos.
42 historias breves sacadas de la crónica del jesuita Francisco Garau, de los expedientes de la Inquisición y de la investigación genealógica. Cada una indica de dónde sale, para que sepas qué está documentado y qué es tradición.
Varias familias de la Platería y del Sagell decidieron salir de Mallorca de noche, en un barco concertado por Rafael Valls. Llovió tanto que el barco no pudo zarpar.
Gabriel Cortés tenía once años y su padre lo mandaba a comprar aceite a la tienda de Moixina. Un día, Moixina le preguntó qué había comido su padre.
Los días de ayuno, el ama se sentaba a la mesa y hacía como que comía. La criada la miraba y contaba los bocados que no daba.
El viernes por la noche, cuando las campanas tocaban a oración, ella dejaba la labor. Era la señal de que empezaba el sábado.
La mujer dijo que su marido no estaba en casa. Pero en la silla del rellano estaban su capa y su sombrero. El espía lo apuntó en su «Papel 4º».
Moixina visitó varios días a un vecino moribundo y le habló del Dios de Israel. Probablemente no sabía que aquel hombre lo había denunciado.
Gabriel Cortés escribía cada semana a su mujer y a su hijo. Las cartas salían de la cárcel escondidas en la ropa que mandaban a lavar.
Una presa hablaba con la celda de al lado por un agujero en el muro. Le confesó que llevaba escondidas en la ropa joyas que valían más de trescientas libras.
La orden para detener a Quiteria Martí era un formulario impreso. Alguien rellenó a mano su nombre y su calle. Debajo, la instrucción de cobrarle la comida.
Francisca Tarongí murió presa antes de que terminara su proceso. El tribunal no lo cerró: lo siguió «contra su memoria y fama».
Ante el tribunal en pleno, Rafael Valls se negó a jurar sobre la cruz. Juró «por el Dios de Israel y ley de Moysés».
Moixina le escribió una carta a Margarita Ana Piña para pedirle matrimonio, argumentada con textos de la Biblia. La respuesta no tuvo nada que ver con la fe.
Guillem tenía catorce años y Joanot doce. Su padre les enseñó a adorar al Dios que creó el cielo y la tierra, y a no contárselo a nadie.
Al acabar el ayuno del perdón, los jóvenes iban a casa de sus mayores, les besaban la mano y les pedían perdón. Los mayores contestaban: «que Dios os perdone».
En junio de 1687 los plateros corrían toros en su calle por San Eloy. Onofre Cortés insistió dos o tres veces en invitar a Francisca Forteza a verlos.
Moixina y Bartolomé Cortés se dijeron que eran observantes paseando junto al mar, camino de Portopí. Allí no había paredes que escucharan.
El primer auto se celebró en Santo Domingo. Cada reo cruzaba un pasillo con barandas, la «calleja de amargura», hasta una jaula colgada donde oía su sentencia.
Para el segundo auto se levantó un brasero entre el Lazareto y el castillo de Bellver. Encima, veinticinco palos, cada uno con una tablita para sentarse.
Eran hijos de Rafael José Tarongí y Francisca Tarongí. Seis salieron en el auto del 6 de mayo. Ninguno corrió la misma suerte.
En 1755 un librero quiso reimprimir la crónica de Garau. De la primera edición se habían impreso millares de ejemplares, y no se encontraba ni uno.
Los sambenitos de los condenados se colgaron en el convento de Santo Domingo, con nombre y apellido. Estuvieron a la vista hasta mediados del siglo XIX.
Mientras mataban el cerdo en su casa, Ana Cortés se acercó a un pariente y le dijo en voz baja que «el Amo lo quería, y era menester tener paciencia».
Francisca Martí guisaba el viernes por la noche. Cuando le preguntaron para cuándo lo guardaba, contestó: para el sábado, «por no comer cosa guisada».
El miércoles o el jueves santo de 1687, alguien comentó delante de Violante Forteza que «sería aquel el día del ayuno de la Pascua de los judíos».
Onofre Cortés de Agustín confesó todo lo que le leían los testigos. Después explicó por qué: no podía quitarse de la cabeza el tormento que le iban a dar.
En la portada de su proceso, al margen, alguien escribió una palabra: «Menor». Joanot Cortés tenía menos de veinticinco años, la mayoría de edad de entonces.
Quiteria Martí tuvo que declarar su genealogía ante el tribunal. Llegó hasta los nietos de sus primos: «son muy niños, que el mayor tiene cinco años».
El voto que condenó a muerte a Moixina tiene dirección exacta: Cámara del secreto, libro de Votos en definitiva, folio 264 vuelta. Al pie, la fe de erratas del copista.
La víspera de cada visita de los inquisidores, el alcaide avisaba a los presos para que escondieran bajo la ropa el tintero, las plumas, el papel y los libros.
En una calle donde medio vecindario se llamaba Cortés, Martí o Tarongí, el apodo era el verdadero nombre. Los expedientes conservan decenas.
La criada se lo contó a su confesor, el padre Francisco Doms. Y el confesor, según ella misma declaró, «dixo diría al Santo Oficio».
Muy de mañana, Gabriel Cortés se ponía en una ventana de su casa, leía en un libro pequeño y levantaba los ojos al cielo. Así una hora entera.
«No os espantéis, que esta ley passará», decía Moixina. La de Apolo había durado mil ochocientos años, y la cristiana aún no llegaba a mil setecientos.
Un día, con el hábito de penitente puesto, Moixina estaba solo en el muelle de Palma. Se afligía, contó después, «pidiendo misericordia a Dios».
«Se fue por tierra con tan poco sustento, y alló un arriero y se puso con él… ¡y está en Francia!». Un muchacho sin dinero había cruzado la frontera.
Antes de que llegara el embargo, un pariente entregó trescientas libras en oro, plata y joyas a otro más joven para esconderlas. Después no las recuperó nunca.
Podía alquilarles las habitaciones «sin recelarse de ellos», y ellos tampoco se recelarían. Así «unos y otros podrían hazer qualquier cosa».
Ya habían confesado y pedido misericordia. Pero en la cárcel, con las puertas abiertas, las presas se reunían y se decían unas a otras que seguían creyendo.
Gabriel quería casarse con Margarita Martí. Su padre se negó: era «de oveja baxa». Discutieron, y el padre llegó a ponerle las manos encima.
Cuando murió su madre, Catalina Valls, se ayunó por ella según la ley de Moisés. Y su hija Úrsula, doncella, empezó entonces a guardar esa ley.
La Comendadora ofreció una manzana a cada compañera de celda «para hazer paz». Ninguna se la quiso comer.
El abogado lo escribió sin rodeos: como su cliente no sabía quiénes eran los testigos, no podía alegar sus defectos. Solo le quedaba confiar en la «piadosa integridad» del juez.
Sobre las fuentes. Garau escribió La fee triunfante en 1691 para celebrar los autos, no para contarlos con neutralidad: sus cifras y sus juicios son los de la Inquisición. Lo citamos como testimonio de época, no como verdad.
Martí, Miró, Fuster o Segura son apellidos frecuentes en todo el ámbito catalán. Llevarlos no implica por sí solo descender de los conversos de Palma. Lo decide tu rama concreta, y eso se comprueba en los archivos.
Los quince son los apellidos que el estigma fijó tras 1691. Hubo conversos con otros apellidos que se diluyeron en la población. La línea materna y las ramas colaterales también cuentan.
Aguiló, Bonnín, Cortès, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls. Curiosamente, Picó y Segura no aparecen entre los condenados por la Inquisición, y Valentí era en origen el apodo de una rama de los Forteza.
El origen de la palabra es discutido. Durante siglos fue un insulto; hoy muchas familias la han hecho suya. La usamos con respeto y en su grafía mallorquina.
No, y desconfía de quien lo prometa a partir de un apellido. Te contaremos la historia del apellido y cómo rastrear tu rama en registros parroquiales y archivos.
Usarlos solo para enviarte lo que pides. No se ceden ni se venden. Te das de baja con un clic en cualquier correo.